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“Si Irán vuelve a cumplir sus obligaciones que ha estado violando y está dispuesto a avanzar en las negociaciones de buena fe sobre estos acuerdos de seguimiento”, Biden está dispuesto a hacer lo mismo, dijo. (Si bien Biden apoyó el acuerdo de 2015, también participó en la toma de decisiones en 2010 cuando se desarrolló el ataque cibernético contra Natanz).

Antes del asesinato, period muy evidente que los iraníes mantenían un perfil bajo y que evitaban lanzar provocaciones que le dieran a Trump un pretexto para atacarlos antes de dejar el cargo. Los dirigentes de Irán han precisado que la supervivencia del régimen es su principal objetivo, y han tenido cuidado de no correr riesgos que puedan acabar con sus esperanzas de que les levanten las sanciones, y de restablecer el acuerdo, luego de que termine el mandato de Trump.

Después del asesinato del normal Suleimani, hubo un breve ataque con misiles contra una instalación estadounidense que milagrosamente no mató a ningún miembro de las tropas estadounidenses (aunque hubo muchos casos de lesiones traumáticas por conmoción cerebral a los que Trump restó importancia y llamó de “dolores de cabeza”). A continuación se produjo una disminución de la intensidad.

No hubo una respuesta actual a la explosión en Natanz, también atribuida a Israel, aparte de la posterior instalación de algunas centrífugas avanzadas para hacer ver que el programa de Irán seguiría adelante, lenta y metódicamente. Los ataques dirigidos a las fuerzas estadounidenses en Irak, muchos de ellos a través de iraníes, han disminuido en las últimas semanas, y los temidos ciberataques de Irán al sistema electoral estadounidense parecían más bien hechos por aficionados: correos electrónicos a algunos votantes que pretendían ser amenazas de un grupo de extrema derecha, los Proud Boys.

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Pero los partidarios de la línea dura están molestos y algunos expertos temen que la pérdida del normal iraní más reverenciado y del científico nuclear más respetado ya sea demasiado. Cada vez es mayor la presión para dar una respuesta, ya sea planeada, supuestamente con la orden de su líder supremo, el ayatolá Alí Jamenei, o una arremetida no planificada, quizás por parte de alguien sin escrúpulos del Ejército iraní o de una milicia respaldada por Irán que no reciba el aviso de esperar a la toma de posesión de Joe Biden.

Tal vez esto sea exactamente a lo que le apuesta Netanyahu —junto con Trump y sus asesores—. Cualquier represalia podría provocar acciones militares de Estados Unidos, justo lo que Trump tenía contemplado, y se discutió hace dos semanas cuando se supo que Irán seguía produciendo flamable nuclear que superaba los límites del acuerdo de 2015. (Desde luego, esa medida fue una respuesta a la decisión de Trump de salirse del acuerdo a mediados de 2018).

El sábado, los oficiales del Ejército de Estados Unidos señalaron que vigilaban muy de cerca a las fuerzas de seguridad iraníes luego de la promesa de Irán de vengar la muerte de Fakhrizadeh, pero que no habían detectado ningún movimiento de soldados ni de armamento iraníes.

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