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El Hospital Cristiano Chinchpada en Nandurbar, un pequeño pueblo al noroeste de India, atiende a miembros de la comunidad bhil, algunos de los cuales viajan hasta 200 kilómetros para visitar el centro. El hospital tiene 50 camas, ocho doctores y apenas el equipo médico más rudimentario.

Del otro lado del país, Simdega, uno de los 20 distritos más pobres de la India, está aislado de la ciudad más cercana, Rourkela, a casi cinco horas de viaje en caminos llenos de baches. La población tribal del distrito vive en diminutos caseríos rodeados de bosques densos. El centro médico de Simdega, con 60 camas y tres doctores, está en un claro del bosque, “literalmente en medio de la nada”, dijo George Mathew, el director.

El escaso private tiene que manejar todo lo que se le presenta, “desde la malaria hasta los infartos de miocardio, las convulsiones y las lesiones en la cabeza”, dijo Mathew. A lo largo de los años, ha aprendido a leer radiografías por sí mismo y, cuando está perplejo, apela a los radiólogos entre sus amigos y antiguos colegas.

Aunque Nandurbar y Simdega están separados por unos 130 kilómetros, sus poblaciones son sorprendentemente similares. La malaria, la anemia de células falciformes y la tuberculosis son rampantes entre ellos, agravados por la pobreza, la dependencia de los curanderos espirituales y el alcoholismo, incluso entre los niños

“La tuberculosis suele quedar desatendida y a menudo se demora el diagnóstico”, comentó Ashita Singh, directora de medicina en el hospital de Nandurbar. Para cuando la gente llega a estos centros médicos, suele “estar muy pero muy enferma y no ha sido evaluada en otra parte”, agregó Singh.

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